AREAS SILVESTRES, GANADERÍA Y CAMBIO CLIMÁTICO

Ante los efectos cada vez más evidentes del cambio climático, se viene

 advirtiendo recurrentemente la necesidad de lograr lo antes posible el  equilibrio entre la cantidad de dióxido de carbono que emiten las actividades  humanas y la que absorben los sumideros, como los bosques. 

Para el cumplimiento de este objetivo, se resalta la importancia de los  bosques nativos y ecosistemas ricos en carbono, incluidos en áreas  protegidas y en otras áreas silvestres, que contribuyen activamente al  mantenimiento de la diversidad biológica, a la estabilización del clima y al  secuestro del dióxido de carbono. 

A pesar de estas advertencias una gran proporción de los bosques de  nuestro país padecen deterioros de diversos tipos -sobreexplotación forestal y ganadera, reemplazo de nativas por especies exóticas (pinos), y en  algunos casos un exceso de uso turístico-, todo ello, incluso, en áreas  protegidas.  

Cierto uso forestal o turístico en zonas de bosque, regulados y manejados  en forma sustentable, es admisible y ciertamente necesario. Pero la  actividad ganadera en sectores boscosos tiene múltiples contraindicaciones para la lucha frente al cambio climático. 

Por un lado, la ganadería (junto a otras actividades del sector agropecuario)  se encuentra entre las principales fuentes de emisión de gases de efecto  invernadero (GEI). Aún por debajo de otras fuentes como el transporte, la  producción eléctrica o la industria su aporte es importante, considerando tanto a las emisiones de metano de los rumiantes, como a las emisiones de óxido nitroso y de CO2 de los monogástricos. 

A su vez, el uso g

anadero en áreas silvestres agrega a sus emisiones de  GEI, otros problemas que tienen un efecto directo sobre el cambio climático:  contaminación, disminución de la biodiversidad, alteración de la estructura y  composición vegetal, disminución de la regeneración vegetal, erosión del  suelo, competencia con herbívoros nativos, transmisión de enfermedades a  especies nativas, entre las más importantes. 

Desde el punto de vista de los rendimientos ganaderos, cabe resaltar los  bajos índices productivos (como la tasa de ganancia de peso) que se  obtienen en los ambientes silvestres utilizados, y en particular, en las zonas boscosas. En regiones con condiciones extremas de frío o calor estas  reducciones de los índices productivos llegan a ser drásticas.  

De esta manera, a través  de una actividad  ineficiente y que  contribuye al cambio climático por partida  doble -emite GEI y  deteriora los sumideros  que deberían absorber esos gases-, se da la  espalda a las  recomendaciones de la  comunidad científica mundial para lograr reducir las emisiones de GEI. En la  foto, ganado vacuno en zona de bosque ecotonal dentro de un área  protegida. 

Todo documento científico que trata sobre los preocupantes efectos del  cambio climático, destaca, entre otras cosas, la importancia de regular la  ganadería, proteger más los bosques y otros ecosistemas silvestres, así  como ampliar las áreas protegidas, procurando incorporar nuevos sectores a  las ya existentes, o creando nuevas áreas protegidas. 

Lamentablemente, la ganadería está presente incluso, en sectores de áreas  protegidas que poseen restricciones o prohibición expresa para dicha  actividad, como en sectores de Parques nacionales o provinciales, sus  zonas intangibles o de conservación estricta. 

Teniendo en cuenta esto y, considerando los compromisos nacionales para  contribuir a la reducción de emisiones (producto del Acuerdo de París, 2015,  ratificado por Ley 27270), una medida práctica y efectiva sería la eliminación  del uso ganadero de una significativa proporción de los ambientes silvestres  afectados actualmente por esta actividad, empezando por aquellos ya  incluidos en áreas protegidas. 

Esto, no se plantea para hacerse de golpe ni a través de mecanismos  conflictivos, más bien debería ser un objetivo a mediano plazo, atendiendo  las diversas situaciones sociales que puedan presentarse, pero debería  empezar a planificarse de inmediato.

En definitiva, el país debería tender a que la actividad ganadera se restrinja a áreas donde se obtiene un buen rendimiento, asegurando a la vez,  suficientes  sumideros para que  absorban los GEI  que la actividad  produce, mediante  una conservación 

adecuada de  suficientes bosques  nativos, humedales, pastizales y otros  ambientes  naturales, dándoles  a éstos la protección y el control efectivo que requieran. En la foto, bosque  dominado por lenga sin ganadería, dentro de un área protegida.  

Bariloche, abril de 2021 

Eduardo J. Ramilo 

Médico Veterinario